Miércoles 20 de Abril del 2011
Grande tendría que ser el día de hoy. Era la última visita en este bimestre, no los veríamos en 2 semanas por vacaciones. A pesar del clima cálido, todo parecía vacío. Decidí entrar a la parte del hogar donde estan las habitaciones. Por primera vez vi como eran sus habitaciones, me gustaron bastante porque eran lo suficientemente alegres para niños alegres como ellos.
Continué buscándolos como nadie aparecía, volví a las mesas donde siempre esparamos para ver si alguien había ido. El lugar se escuchaba muy tranquilo. El día de hoy no salieron los niños que normalmente salen del hogar a las 3, pues funciona como jardín de niños en las mañanas. Tal vez no salieron porque no fueron, o salieron más temprano.
Algunos niños salieron al patio, entre ellos estaban Taír y Saíd. Otros niños fueron a jugar. Taír y Saíd tenían tareas. Más bien teníamos unas hojas para que las trabajasen. Eran hojas de trazo, pues anteriormente habíamos notado que su trazo tanto para pintar como para escribir no era muy "estable". Trabajé con Taír una de las hojas de trazo, al inicio parecía gustarle, pero luego se aburrió (tal vez por ver a otros niños jugar) y simplemente quiso terminar bien una ficha a terminar dos pero mal.Ya que no los ibamos a ver en dos semanas, fui a jugar con él a penas acabamos la hoja de trazo. Cuando jugamos, su cuidadora/tutora lo llamó. No entendía mucho por qué, pero cuando me acerqué con una amiga que cuidaba a su hermano Saíd, nos dimos cuenta que algún familiar había ido a recogerlos. Por Semana Santa sus familiares tenían que recogerlos. Habían muy pocos niños, como 15 de los 60 que acostumbrábamos a ver.
El día pasaba rápido y lento por momentos. Antes de irnos, armamos paracaídas con bolsas, hilo y unas pelotas que llevamos. Hicimos cerca de 3 paracaídas y se las entregamos a unos niños a quienes aún no recogían o tal vez no los iban a recoger. Ya llegaba la hora de irnos y teníamos que despedirnos. No tenía a nadie en especial a quien decirle "hasta luego", pero sí me despedí en general con todos. Cuando nos ibamos, en el bus vi a Nicole despedirse y le tome una foto como recuerdo de su cariño. Pues fue la única que se despidió hasta el final.
Bajamos rápidamente, pues habían algunos niños que ya nos estaban esperando. "Amiguitos del Champagnat, ya llegaron nuestros amiguitos del Champagnat" decían. Taír apareció nuevamente entre la multitud de niños. Nuevamente fuimos al trampolín, y para la sopresa de todos ya había alguien en el trampolín. "Hola. Mira como salto alto." Su nombre es Luis Miguel. Era tan divertido que se llamara así, porque le gustaba cantar aunque no precisamente el tipo de canciones de Luis Miguel, el cantante.
Un rato después Taír quizo ir a los columpios y demás juegos. Bajó le enseñé a colocarse sus zapatillas con paciencia. Mientras jugabamos y ayudaba a subir a algunos juegos se golpeó la pierna. No lloró, pero parecía que se aguantaba el dolor. Le pregunté si se había golpeado algo, pues no iba a decir nada si no le preguntaba. No respondió exactamente que sí. Entonces le pregunté que se golpeó, me señaló su pierna. Le dije que iríamos a la enfermería del Hogar. Fuimos y la enfermera le explicó que no tenía nada. Yo tuve miedo de que le hubiera pasado, porque tan solo intentabamos pasar un buen rato.
Al regresar, avisaron que era la hora de que los niños comieran fruta. A todos les entregaron una manzana. Taír vio a Saíd a lo lejos y lo llamó nuevamente, lo abrazó y se sentó junto a él a comer su manzana. Cuando terminaron de comer sus manzanas, fui con él al tacho de basura para enseñarle que ahí es donde se colocan los pedazos de manzana que ya no se comen como el centro de la manzana, puesto a que había botado al grass un pedazo de manzana que se cayó. Junto al tacho de basura, había un lavadero y como no alcanzaba lo levanté. Se lavó las manos y cuando estabamos a punto de irnos pasó su mano sobre tierra y se ensució. Se lavó nuevamente las manos y, también las volvió a pasar por la tierra. Le dije que no tenía que hacer eso. Que se estaba ensuciando toda la ropa. Comprendió que no tenía que hacerlo más, aunque parecía molesto.
Nos dirigimos nuevamente al patio de juegos, y estuvimos ahí hasta que nos retiramos.
(Él es Kevin)
Luego jugamos en los columpios y en cada juego que había. Al terminar, fuimos a las mesas. Una amiga llevó rompecabezas para los niños y me senté con Taír a armar y ayudarlo a armar. Parecía que no tenía paciencia, pero lo ayudé y mostré que no necesitabamos de complicaciones para terminar un rompecabezas. La felicidad que tenía al terminar cada rompecabeza era indescriptible. Conocí a una pequeña niña llamada Nicole que se sentó cerca a nosotros a armar un rompecabezas. Tiene 4 años, y me pareció muy inteligente y curiosa para ser tan pequeña.