miércoles, 20 de julio de 2011

Día 12

Miércoles 20 de julio del 2011

Hoy fue un día distinto a los demás en el sentido que trabajé con los niños de una manera más artística. Esto fue porque los juegos que propuse a los niños se relacionaban con el arte del origami. Para empezar hicimos aviones. Ninguno sabía hacer aviones y solo pedían 1, 2 e incluso 3. Miguel' Ángel fue el primero en pedirme un avión. Ya que estábamos en las bancas, le dije que primero le enseñaría. Vio como hice un avión, y después el haría otro con mi ayuda. Cuando hicimos el segundo avión, recordó todos los pasos tal como le enseñé. Lo único que le faltaba era realizar bien los dobleces, para lo cual lo ayudé.




Se acercaron otros niños como ''Mema'' que resultaba llamarse Mijael. Jaír el niño que jugaba con una compañera que faltó ese día también quizo aviones y le enseñé. Al final se acercó Axel y comenzamos a jugar cerca a un árbol. Era una especie de competencia de qué avión volaba más que terminó convirtiéndose en una competencia por colocar el avión en el árbol.



Veía a los niños muy felices, sobre todo a Miguel Ángel. Creo que ya me consideraba un amigo. Era como mi nuevo pequeño hermano. Nos avisaron que nos ibamos, y le pregunté si quería una foto. Entusiasmado aceptó, tomé la foto y quizo verla. Le avisé que ya nos veríamos pronto otra vez. Sonrío y nos despedimos con un abrazo.

sábado, 2 de julio de 2011

Caminata CAS 2011

Sábado 2 de julio del 2011

La segunda caminata que realizamos como parte del componente CAS fue otra de las experiencias más significativas en cuanto al valor de acción para CAS. En esta oportunidad nos dirigimos hacia un sector diferente al de la caminata 2010. Con rumbo a San Vicente de Aspita, desde la plaza de Aspita, comenzamos la caminata en fila (uno detrás del otro). El punto de la caminata consistía en poder reflexionar, tener un espacio tanto físico como interno que no se obtiene a diario para poder encontrarse con uno mismo. El desafío era poder superar los obstáculos: el cansancio, la sed y tal vez el pesimismo de otros. Personalmente pude reflexionar y darme un tiempo estando alejado de lo cotidiano, urbano y a veces agobiante. El camino no fue tan largo como lo imaginé, aunque inesperado en tramos del camino y logré seguir adelante. Tuvimos la oportunidad de bajar desde la pista para autos hacia el río por un camino ''arreglado'' que se perdía entre los árboles que comenzaban a aparecer. Una joven mujer nos ayudó, nos guío hacia el río pues vivía muy cerca a él. Al llegar al río tuvimos minutos para recuperar el respiro tras la gran travesía de arriba hacia abajo. Pero ahí no acababa el viaje, había que volver, obviamente.


Subimos de la misma manera ya conociendo el trayecto y logramos llegar al lugar de donde habíamos bajado. Esta segunda parte de la caminata consistía en poder caminar en grupos pequeños hasta llegar a la meta donde nos esperaba el bus. Todos acabamos cansados, aunque satisfechos por el esfuerzo realizado.