(Miguel Ángel)
Luego Taír quería ensuciarse las manos como una vez lo hizo y queríai que lo acompañase a limpiarse y a que se lavase las manos una y otra vez para que pasara su mano sobre la tierra. Le dije que no lo vuelva a hacer y lo lleve hacia el patio de juegos. Quería regresar a ensuciarse las manos, y le dije que no. Comenzó a quejarse y llorar porque no le permití hacer lo que quería, pues estaba mal. Comenzó a llorar y se quedó en el jardín sentado y molesto. Le dije que se sentara a mi lado (estaba a unos pasos de él) si quería jugar, porque lo que estaba haciendo no estaba bien.
Estaba sentado esperando a que se le pasara la rebeldía y cambiara de actitud o al menos se diera cuenta que no estaba haciendo lo correcto. Miguel Ángel, se me acerco a mí y me dijo "No se llora por eso, ¿no? Te ensucias la ropa, ¿no?'' Le explique que tenía razón. Él me decía que Taír se comportaba así y me pareció raro, porque nunca antes Taír había llorado y mucho menos tenido un comportamiento así.
Paso un rato, y se acercó. Me abrazó y le dije que lo que había hecho no estaba bien y que no había que llorar por cosas como esas. Le pregunté si quería seguir jugando conmigo, me dijo que sí. Saqué un poco de papel higiénico de mi bolsillo y le limpié la nariz. Fuimos a jugar y comenzó a divertirse y comenzaba a pareserse al Taír de antes. Tomé su actitud como un rechazo al cariño que tal vez no consideraba real, pues no nos habíamos visto hace tiempo. Antes de irnos le di un abrazo y lo dejé con su cuidadora. Me despedí, sonrío y me hizo un gessto de despedida con su mano.
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