Miércoles 21 de septiembre del 2011
Les esperaba una gran fiesta. Lo que no esperaban era saber que sería el último miércoles que podríamos asegurarles que iríamos. Al llegar me sentí inmediatamente invadido por una tristeza. Sabía que algunos de los niños, en especial Miguel Ángel y Mijael, se habían acercado mucho a mí y siempre me buscaban cada vez que íbamos. Yo había comenzado a quererlos y me apenaba saber que ya no iríamos cada miércoles como lo habíamos hecho este año. A pesar de ello quise disfrutar al máximo este día, más que nada por los niños, no solo Miguel Ángel y Mijael.
Comenzamos a ordenar las cosas que trajimos para la pequeña fiesta que íbamos a realizar. Organizamos los bacaditos y luego esperamos a que llegaran todos los niños. Mientras esperábamos fui con el profesor a pedir una radio para la música en el momento del baile. Conseguimos que nos prestaran una radio y el CD que los niños siempre bailaban.
Comenzamos a ordenar las cosas que trajimos para la pequeña fiesta que íbamos a realizar. Organizamos los bacaditos y luego esperamos a que llegaran todos los niños. Mientras esperábamos fui con el profesor a pedir una radio para la música en el momento del baile. Conseguimos que nos prestaran una radio y el CD que los niños siempre bailaban.
Comenzaron a llegar algunos niños del pabellón de 3 años y ahí estaba Taír. Dio un grito de alegría. No quería acercarme porque todos los niños estaban tranquilos y se iban a poner inquietos si alguien se les acercaba, porque pensarían que íbamos a jugar con ellos en ese momento. De todas maneras quise saludarlo, porque no lo veía después de tiempo. Lo abracé y luego vinieron otros dos niños Fabrizio y Marlon otros dos gemelos, y me di cuenta que Miguel Ángel estaba sentado en una de las mesas y puso una expresión como si tuviera celos. Entonces les dije a todos que esperaran ahí hasta que empezara la fiesta.
''Cuidense mucho y portense bien. Ya nos veremos pronto.''
Al final me retiré feliz de que se divirtieran mucho. Y no estaba triste, porque sabía que podía regresar a visitarlos. Tal vez no como parte del colegio y del programa de CAS, pero sí como un amigo que hicieron ellos en su hogar, el Hogar Transitorio San Luis.
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